Un trekking multicolor en Cañadón Pinturas

Recorrido por el Cañadón Pinturas en el circuito binacional entre Argentina y Chile a través de la Ruta 40 y la Carretera Austral por escenarios de meseta, estepa, bosques, lagos y valles.

cañadon pinturas

El circuito Binacional que une la Ruta 40 con la Carretera Austral durante 500 km entre la Argentina y Chile en el Oeste santacruceño despliega en el recorrido ambientes de la Meseta, estepa, bosques lagos y lagunas hasta valles. Con sitios de pinturas rupestres, estancias históricas y lodge Premium. La combinación perfecta.

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Por eso, desde el comienzo de la travesía, haciendo base en Los Antiguos y en Perito Moreno, en Santa Cruz, “La 40” te lleva hasta Cueva de las Manos, pero ahora, hay un rincón del recorrido imperdible. El Cañadón Pinturas despliega un lugar inesperado en la Estancia Los Toldos. Se ingresa con guía especializado por una huella y durante entre 40 minutos a tres horas, según el tiempo que tenés, te sumergís en la historia del planeta en un circuito que une todos los colores en las arcillas y areniscas que lo cubren.

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El sendero es sencillo. Y hay unas marcas que señalizan por donde orientarse. Es, de pronto, un paisaje gris blancuzco y de acuerdo al sol, se tiñe de claros oscuros. Un paisaje lunar. Si fuiste al Valle de La Luna en San Juan (Cuyo) o al Parque Nacional Talampaya (La Rioja) aquí, comienza una síntesis de aquellos monumentos imperdibles.

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Del gris, se pasa al colorado. Como la tierra misionera o el mismo Talampaya. De pronto el blanco reina en el paisaje y contrasta con el turquesa del cielo. Aparecen algunas nubes redonditas y la vista simula un dibujito animado. En fin, la caminata es liviana aunque hay que trepar unos 200 metros de unas ondulaciones suaves que dejan admirar la inmensidad de esta Patagonia Infinita. Cuando el gris se torna aburrido, el paisaje se abre como una boca gigante, llena de colores. De ahí que este trekking se llame “Tierra de colores”. La gente que llega hasta aquí, le tienen fe al guía pero ni ahí se imagina que la naturaleza lo va a sorprender con semejante formación geológica. Es como si viéramos un Cerro de Los Siete Colores (Purmamarca, en Jujuy) pero para adentro.

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Hay emoción en el pequeño grupo. Nada, eso. La tierra en estado puro. Los amantes de la naturaleza saben redescubrir estos tesoros que estuvieron siempre aquí y que relatan la evolución de la tierra, en este caso de la meseta.

Y hay mucho más. Porque el descenso suave y con pasos de costado en zigzag, permite acceder al mismísimo cañadón de colores. Es un viaje lisérgico porque comienza con paredones ocres, luego marrones y luego blancos y magentas y rojizos. Impecable. Los colores encandilan y uno va mirando el suelo y apoya apenas la palma de la mano para sentir la textura de estos muros de areniscas. Rugosos, ásperos o suaves y lisos. Los hay de todos los estilos. El camino es en el cauce, formado por el desagüe de las lluvias que junto al viento y el tiempo han tallado esta formación exquisita.

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En silencio y rodeado de colores, es una sensación intimidante, cada tramo por el corazón de este mini cañadón es imperdible. Es posible ver la vida en cada color. Y, cuando elevás la vista otra vez, el turquesa del cielo.

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Se vuelve  despacito hasta la planicie que rodea al lugar, que es parte de la estancia Los Toldos, que desde el 2015  es propiedad de la Fundación Flora y Fauna (florayfaunaargentina.org), que trabaja en comunión con la Conservation Land Trust (CLT) que fundó el magnate estadounidense, Douglas Tomkins, fallecido en 2015, en el Lago Carreras, que forma parte de este circuito y que en la Argentina, se trata del Lago Buenos Aires, junto a la localidad de Los Antiguos.

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El trekking por el Cañadón Pinturas casi llega a su fin y desde lejos ahora, se adivina la boca de colores gigante protegida por las ondulaciones de pequeños cerros redondeados de areniscas y los colores, todos, por tramos. La travesía continúa. Próxima estación, en el post Cueva de las Manos. Patrimonio de la Humanidad.

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