los alerces

¡Guarda con el Puma! (Alerces II)

El Parque Nacional Los Alerces es uno de mis favoritos de Argentina. Lo visité muchas veces y tengo muchas cosas para contar, como esta anécdota. Mirá.

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Uno de los Parques Nacionales que más me gusta es Los Alerces en el oeste chubutense. Fue el primero que conocí en 1987, adonde recalé de mochilera con mi amiga Melina Mirón. Desde ese momento, fui cinco veces más. Y cada vez que estoy por esa zona patagónica trato de acercarme. Como en abril de 2016 que fui a Trevelin, muy cerquita, para cubrir la Primera Vendimia de Nant y Fall, los viñedos más australes del mundo. Pero esto te lo cuento en otro post. Lo cierto es que Víctor Yañez, que dirige Turismo de Trevelin, nos llevo a un grupo a caminar por Los Alerces.

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Y acá va la anécdota. Porque ni bien arrancamos sentí una enorme emoción al cruzar el río Arrayanes por un puente colgante. Pensar que en el 87, lo hice nadando y me valió un reto por parte del Guardaparque de este momento. Porque cruzar el puente es lo precioso.

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Pero al llegar del otro lado un cartel gigante alertaba sobre qué hacer si aparecía un PUMA! Yo no lo podía creer. Éramos un grupo pequeño. Y al ser en el mes de abril, no había grandes cantidades de gentes deambulando por el parque. Apenas nos cruzamos tres grupos de dos o tres personas, haciendo trekking. Lo cierto es que en el cartel te muestra cómo es la huella, cómo es el puma y advierte que hay que darse quieto y asustarlo (?).

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Lo peor de todo fue que a dos metros del cartel había  una tremenda caca animal. Y de pronto…. en medio de la soledad de la naturaleza, y por un instante, me corrió un frío por la espalda. Pero, enseguida, nos reímos mucho porque… ¿Sería de un perro? ¿De alguien que estaba apurado? No sé. Pero nos reímos, de los nervios y de la ocurrencia de pensar si había posibilidad de que un puma hubiera usado de baño justo ese lugar, junto al cartel que advertía la presencia de fauna mayor.

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Seguimos caminando entre sonrisas aunque a partir de allí, hacíamos ruido con pisadas fuertes y mirando para todos lados. Nadie quería ir adelante ni quedar rezagado. Sin embargo, todos los que saben, advierten que ante la presencia humana los bichos se alejan.

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Víctor Yañez fue un guía de lujo. Y nos contó que venir al parque es algo que todos hacen para tomarse un respiro, conectarse con la naturaleza, pensar y retomar luego, el trajín diario. El sendero es perfecto para recorrer en tres horas. Por momentos se abren claros en el bosque y el sol acompaña. Por momentos, se junta a la costa del Lago Menéndez y la vista es imperdible. El cielo, el agua espejada, transparente, la exuberancia del bosque que balconea hacia el lago. Hongos, frutillas y mosquetas. Te lo cuento en el próximo Post.

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