estancia la ascension

La Ascensión: las mil y una historias en una estancia

Una visita llena de sorpresas y secretos a la Estancia La Ascensión, muy cerca de Los Antiguos en la provincia de Santa Cruz

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El circuito binacional que une a la Argentina y Chile en la Patagonia entre la Ruta Nacional 40 y la Carretera Austral, ofrece perlas que prometen revelar los secretos de cada rincón de la Patagonia austral a la que se puede acceder desde Comodoro Rivadavia cruzando desde el mar hasta la Cordillera, Chubut o desde Caleta Olivia en Santa Cruz para conocer el Corredor del Viento donde Pico Truncado ofrece su potencial pleno de naturaleza e historia. Si llega  a hacer un alto en el camino, asómese a la oficina de Turismo de esta localidad y pídale a Exequiel Elías Nichele que le muestre el auto ecológico que tienen aquí en esta Capital Nacional del Hidrógeno.

En la última travesía por este circuito binacional, recalamos en la estancia La Ascensión, a pocos kilómetros de Los Antiguos y que fue fundada en 1913.

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Hoy, pertenece a la Fundación Flora y Fauna quien desarrolla proyectos de conservación y en este caso el coordinador Guido Vittone fue el guía experto en la expedición.

La estancia mantiene su entrada original que es del mismo estilo que la entrada de la Quinta Presidencial de Olivos. Y dentro se pueden ver las construcciones originales como galpones, en especial el galpón de esquila, el más grande de toda la región, la casa principal y una de las casonas donde funcionó la escuela a donde iban los hijos de los peones. También permanece intacta la “matera” y aún puede leerse la marca de la yerra.

Las escuelas de la zona suelen hacer visitas guiadas para conocer la historia del lugar. Y más al fondo del casco original, residencia de la familia fundadora, de Jesús Larrañaga, quien trabajaba en la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia (de los Menéndez Behety). Sólo queda el piso y el tanque de agua. Además de los portones y la cerca que rodeaba el parque lindante que en noviembre las “lilas” florecen y convierten cada tramo de la cerca en una postal romántica.

El monte de árboles que protege del viento al lugar, forma un camino hasta el Lago Buenos Aires. El sendero anchísimo se puede recorrer y sentir el silencio y la inmensidad de este rincón patagónico.

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Hay un trabajo impecable que se puede ver en el site Inta.Gob.ar, un libro publicado en 2012 por la Estación Experimental Agropecuaria de Santa Cruz  y que desarrollaron Romina Apóstolo, Fernando Manavella, Roberto Oscar Iglesias  y Liliana San Martino: “Los Antiguos, recuerdos que hacen historia”, donde cuentan “La vida en la localidad desde el establecimiento de los colonos hasta la llegada del cerezo”. Impecable.

De acuerdo a los datos que reunieron y a los testimonios, en La Ascensión, se llegaron a esquilar 14 mil ovejas y donde llegaron a trabajar 50 peones durante todo el año.

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En aquel entonces, la lana se llevaba en carros y tardaban tres meses en llegar a Comodoro Rivadavia hasta que llegó el ferrocarril hasta Las Heras y todo se agilizó. La ruta comercial desde Chile pasaba por Los Antiguos. Y a partir del tren se llegaba a Puerto Deseado.

Cuentan además, que si bien existían “los Carreros”, quienes eran los transportistas de antaño, en la estancia contaban con su propio medio de transporte, un camión con chofer y ayudante y tardaban cinco días hasta Puerto Deseado.

En la Estancia La Ascensión había peones, encargado, un administrador, tres jardineros, uno cuidaba las gallinas, dos mucamas, cocinera y ayudante de cocina.

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Cuentan que antes de la llegaba del alambrado el trabajo era arduo porque el recorrido del campo a caballo era todo el día. En 1918, con la Primera Guerra Mundial, el precio de la lana fue fluctuando y hacia 1983, con la irrupción de la fibra sintética, se terminó casi el negocio lanero agudizado por el crecimiento de Nueva Zelanda como productor y exportador lanero y además, China dejó de comprar lana y después, las cenizas del volcán Hudson que cubrieron la zona en 1991, aceleró el abandono de la producción y en muchos casos de los campos.

A grandes rasgos, recién en 1941 se realizó la primera mensura de los campos y el pueblo contaba con la primera comisión de fomento, matadero municipal y carnicería municipal.

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El valle del río fue desde un principio especial para la fruticultura pero fue en 1970 cuando las cerezas irrumpieron como negocio y se reconvirtió la producción.

La estancia abarca unas 20 mil hectáreas desde la costa del Lago Buenos Aires hasta la Meseta y trepa de los 200 msnm hasta los 1500. Mantiene sus caminos internos y la RP 43 pasa por la entrada misma de la estancia. Este verano, la Fundación Flora y Fauna  (florayfaunaargentina.org) comenzó con el Programa de “voluntariados” que es una forma de trabajo para la preservación ambiental.

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La importancia de esta área protegida privada es que está en comunión con la preservación que imprime el nuevo Parque Nacional Patagonia, que desde 2014 protege además de los distintos ambientes únicos de estepa, meseta, lagunas de altura, bosques y lagos, al Macá Tobiano del cual quedan sólo 400 parejas que anidan y se reproducen en estas lagunas que existen sobre la meseta.

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